
En Madrid, hay una tradición que los madrileños practican desde hace siglos y que ninguna app de delivery ha conseguido replicar: ir a la churrería a las tres de la madrugada después de una noche de verbena.
Los churros huelen diferente a esa hora. El chocolate tiene una densidad casi filosófica. Y la taza de barro que te ponen delante pesa como si contuviera el alma de la ciudad.
Para los churros (unas 20 unidades)
- 250 ml de agua, 250 g de harina de trigo (sin levadura)
- 1 cucharadita de sal
- Aceite de girasol para freír
- Azúcar y canela para espolvorear
Para el chocolate a la española
- 500 ml de leche entera
- 60 g de cacao puro en polvo sin azúcar (tipo Valor)
- 60 g de azúcar, 20 g de maicena
- 50 g de chocolate negro 70% troceado
Preparación
Paso 1. Hierve el agua con la sal. Retira del fuego y añade la harina de golpe. Remueve enérgicamente hasta obtener una masa homogénea que se despegue del cazo. Templa 5 minutos.
Paso 2. Introduce en manga pastelera con boquilla estrellada grande. Calienta aceite abundante a 180°C. Exprime la masa formando churros de 10-12 cm. Fríe 2-3 minutos por lado hasta que estén dorados.
Paso 3. Escurre y espolvorea con azúcar y canela mientras están calientes.
Para el chocolate: mezcla en frío la leche, cacao, azúcar y maicena con varillas. Lleva a fuego medio sin parar de remover hasta que espese. Añade el chocolate negro y remueve. Debe quedar tan espeso que al levantar la cuchara, cae en hilo grueso.
El ritual correcto: moja el churro hasta la mitad en el chocolate y cómelo de un solo bocado.
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